Después de una larga vida de trabajo no toda la gente tiene el privilegio de gozar de un merecido descanso y una tranquila jubilación. Muchas personas de la tercera edad no cuentan con una pensión y a los que la tienen no les alcanza para subsistir de manera digna. Sin importar su edad, deben volver a emplearse, pero después de los 60 años no es tarea fácil.
Desde hace tiempo diversos centros comerciales de la ciudad abrieron la posibilidad a los adultos mayores para colaborar como empacadores. No son trabajadores de la empresa y por lo tanto no tienen un sueldo ni mucho menos prestaciones. La ganancia que obtienen proviene únicamente de las propinas que reciben por parte de los clientes.
En un día normal, los “cerillitos de la tercera edad” logran reunir alrededor de 50 pesos. Si las manos del cliente se muestran generosas llegan a ganar un poco más de 100 pesos. Pero también hay días muy malos en los que se van con apenas unas cuantas monedas.
Contrario a lo que podríamos suponer, cuando es quincena y largas filas de carritos llenos de artículos abarrotan las cajas de los supermercados, no es la mejor oportunidad para los empacadores, pues aunque tengan que embolsar muchos más productos, finalmente la propina es la misma que en los días regulares.
Además, trabajan bajo un sistema rotativo que permite que los más de 40 adultos mayores que trabajan en cada uno de los cuatro turnos tengan oportunidad de servir y ganarse unos centavos.
En un conocido supermercado localizado sobre el periférico Luis Echeverría, al norte de la ciudad, cada empacador recibe 40 bolsas más cinco pequeñas. Cuando se le terminan debe darle oportunidad al siguiente compañero y hacer fila hasta que vuelva su turno. En las cuatro horas que tienen asignadas como jornada laboral, atienden la caja dos o tres veces. El tiempo que no están empacando ayudan a los clientes a colocar sus productos en la barra móvil o a descargar las bolsas en sus automóviles, asistencia por la que obtienen uno o dos pesos más.
Además ayudan a acomodar los carritos en las áreas correspondientes, pero cuentan con la instrucción precisa de no acarrear más de tres carros para no lastimarse. En las ocasiones en las que han ocurrido accidentes o alguna persona se enferma o se siente mal, la tienda ha respondido con la atención inmediata. También existe flexibilidad cuando los “cerillitos” solicitan permiso por motivos de salud.
Paradójicamente los clientes que aparentan un mayor estatus económico son quienes dejan las propinas más bajas y quienes en ocasiones se comportan de forma grosera con los abuelitos, así lo confirman algunos de los empacadores entrevistados por Ruta Libre, quienes decidieron reservarse su identidad por temor a ser reprendidos por la sucursal.
“Hay gente que te trata con mucha prepotencia, con la punta del pie”, dice una señora de 63 años, quien asegura que algunos ni las gracias les dan. Pero este tipo de circunstancias no la desanima por completo.
“Yo me la paso muy bien, me relajo, hago muy contenta mi trabajo. Hay que verle siempre el lado positivo a las cosas”.
Relatan que la necesidad económica no es el único motivo por el que desempeñan este oficio. La segunda y muy importante razón es que de esta forma se mantienen activos, pues continuar siendo personas productivas y convivir con muchos otros compañeros de la tercera edad los hace sentir contentos.
Don José tiene seis de sus 72 años trabajando como empacador. De joven se dedicó al rastro y también estuvo un tiempo en una fábrica. No cuenta con una pensión y ahora vive únicamente de las propinas del supermercado. Quedó viudo y vive con el único de sus cuatro hijos que sigue soltero, pero quien también tiene un trabajo eventual. Además de ganarse unos pestiños, decidió tomar esta oportunidad para pasarla bien.
Es una terapia también porque como yo me encerré cuando falleció mi esposa, dije – ya no voy a poder, en dónde voy a trabajar-, y aquí ya los compañeros nos hicimos amigos, platicamos, relajeamos, bromeamos y muy bien.
Frases
Hay gente que te trata con mucha prepotencia, con la punta del pie, pero hay que verle siempre el lado positivo a las cosas. Yo me la paso muy bien, me relajo, hago muy contenta mi trabajo”.
Empacadora de 63 años
Es una terapia también porque como yo me encerré cuando falleció mi esposa, dije, ya no voy a poder, en dónde voy a trabajar, y aquí ya los compañeros nos hicimos amigos, platicamos, relajeamos.
Don José
78 años
Caridad
Los adultos mayores que se desempeñan como empacadores voluntarios no cuentan con ingresos seguros pues no forman parte del comercio en el que trabajan, por lo que los únicos ingresos que tienen provienen de las propinas de los clientes.
En un buen día, los empacadores adultos mayores sólo llegan a ganar entre 50 y 100 pesos.

