Madres, hijas, amas de casa, cocineras, empresarias exitosas son algunos de los títulos con los que las mujeres de la actualidad se sienten presionadas por conseguir. Con la nueva ola feminista y la equidad de género, parecen haberse obtenido más obligaciones que derechos, la presión parece haberse triplicado y el apoyo agotado.
Competitividad en vez de solidaridad, burla en vez de apoyo, vergüenza en vez de orgullo son algunas de las cosas que se viven día a día. Además de las presiones por ser ama de casa y cuida de sus hijos, la mayoría de las mujeres de hoy en día tienen un trabajo estable de tiempo completo y por si esto no fuera suficiente, tienen que darse el tiempo por asistir a alguna actividad física para conservar un “cuerpazo”.

En nuestra época contábamos con una mayor red de apoyo y entendíamos que el ser amas de casas era suficientemente satisfactorio, por un lado era cómodo para nosotras, pero por el otro no subestimábamos la difícil labor de la administración del hogar y la unión familiar.
Y sí, estamos felices por las nuevas oportunidades laborales para la mujer, pero no estamos contentas con lo estresantes que son sus vidas sometidas ante tal presión.
Creemos que una solución lógica para el problema sería que se realizara un mayor apoyo a las mujeres que no pueden continuar su educación por el embarazo, una mayor flexibilidad tanto escolar como laboral.
Con esto nos referimos a que cuando una mujer esté embarazada, tenga derecho a estar el primer año con su hijo al pendiente sin tener que dejar su labor, nos referimos a que las universidades y trabajos cuenten con su propia guardería, nos referimos en que al padre del niño también se le den unos meses libres tras el nacimiento de su hijo.

Todos estos cambios no nos parece radicales y creemos que sabiéndolos implementar adecuadamente mejorarán el desempeño laboral de ambos padres ya que estarán tranquilos al saber que sus hijos están en buenas manos mientras desempeñan su labor.
Si pudiésemos soñar, también pediríamos una pensión al estado a las mujeres que se dedican a ser amas de casa, es un labor igual de respetable que ser una arquitecta.
Si en otros países pueden, ¿porqué en México no”
