Cuando entramos de lleno a la tercera edad, nuestras capacidades físicas y mentales tienden a disminuir al grado de requerir cuidados y atenciones especiales. Si tienes en casa a alguien así, no se te olvide que la paciencia y la tolerancia que le otorgues ayudarán a que pase una vejez digna.
Una de las paradojas de la vida del ser humano es la de la similitud entre la niñez y la vejez, el ciclo de la vida inicia y termina de una manera muy parecida: cuando somos niños, requerimos de cuidados especiales, pues aún no hemos desarrollado por completo todos nuestros sentidos y nos encontramos descubriendo el mundo; cuando entramos de lleno a la tercera edad, es decir, luego de los 65 años, nuestras capacidades también se ven disminuidas, por lo que, al igual que los infantes, demandaremos de paciencia, cuidados y atenciones para vivir una vejez digna.
Si tienes la enorme fortuna de que tus padres aún vivan, pero se encuentran en este estado especial, no dudes en otorgarles toda la paciencia que te demanden. Simplemente, haz el ejercicio de recordar que cuando tú empezabas a caminar o estabas aprendiendo a comer, ellos te dieron toda la paciencia que requerías y ahora te toca a ti regresársela.
Es cierto que con la edad, las enfermedades y padecimientos llegan con más frecuencia, sin embargo, está comprobado que si otorgas amor a tu familiar que ha llegado a la senectud, su sistema inmunológico se fortalecerá, él enfermará menos y tardará menos tiempo en sanar.
Cuidar de alguien es, muchas veces, un trabajo de tiempo completo, ya sea que tú te encargues de hacerlo o tengas la oportunidad de contratar los servicios de una cuidadora de personas mayores, lo más importante es darle a tu familiar el amor, el cariño, la tolerancia y el respeto que te gustaría que a ti te otorgaran cuando estés en su estado.
Si bien es importante estar al pendiente de su alimentación, su salud general y de ser posible ayudarle en sus tareas, también es bueno “al igual que con los niños”, no sobreprotegerlos, pues no se trata de volverlos totalmente dependientes, sino facilitarles un poco su vida.
Platica con ellos para que sepas qué necesitan de ti, respeta su espacio, sus gustos y costumbres; nunca dejes de integrarlos a la familia, valora sus opiniones y sabiduría; jamás olvides que lo que das hoy, es lo que recibirás el día de mañana.

