La relación que desarrollamos entre nietos y abuelos es de gran beneficio emocional.
Los adultos mayores ya tenemos la experiencia de los hijos; aprendimos de los errores y también de los logros. Los niños recién comienzan a aprender de la vida por parte de sus padres y lo refuerzan con los abuelos.
Es muy importante tomar en cuenta que este vínculo es normalmente fomentado por los padres de los niños. Ellos son básicamente los principales responsables de propiciar estos espacios en donde abuelos y nietos conviven como actividades familiares, fechas de cumpleaños, entre otras cosas.
El ser abuelo/a es un sentimiento de gozo puro, ya que con ellos dejamos de sentir esa responsabilidad o presión constante que sentíamos con nuestros hijos. Somos responsables de impartir a los niños parte de las cosas que van a aprender a lo largo de su vida, pero no somos los principales maestros de vida; nuestra tarea es enseñarles mientras gozamos de su compañía.

Es muy común que cuando entramos a la etapa adulta y tenemos nietos, nos volvemos más pasivos y adquirimos una actitud inclusive mágica y fantaseosa por lo que inmediatamente los niños sienten identificación. Ambos sujetos se encuentran en un punto de su vida en donde las preocupaciones existen en minoría, si no es que los niños aún no conocen ese sentimiento; y las ganas de divertirse y disfrutar de la vida son mayores en todo momento. El único sentimiento que realmente importa es la felicidad.
Muchas veces los niños suelen ver a sus abuelos como cómplices de travesuras y aventuras sanas, y así ambos se complementan con sentimientos de bienestar y cariño.

Aquí es donde, sobre todo, los niños aprenden el valor del respeto.

