Cuando somos jóvenes y pensamos que tenemos un largo futuro por delante, preferimos vivir experiencias extraordinarias que rompan con nuestras rutinas. Pero cuando llegamos a la tercera edad, y creemos que nuestro tiempo es limitado, asignamos un mayor valor a las experiencias ordinarias.
¿Porqué” Esto es debido a que para las personas jóvenes quienes están intentado descubrir quienes son, las experiencias extraordinarias son las que les ayudan a definirse. Mientras que para las personas que ya están establecidas, son las experiencias ordinarias las que les ayudan a tener un sentido de permanencia y calma.
En un ejemplo muy claro, podríamos imaginar a un joven que se encuentra muy emocionado porque se lanzará de paracaídas por primera vez, mientras que un hombre de la tercera edad puede que su máxima fuente de ilusión sea el fin de semana de su cumpleaños ya que lo celebrará rodeado de sus seres queridos en el restaurante que más le gusta.
De acuerdo con estudios científicos en los que le pidieron tanto a gente joven como de la tercera edad que relataran una experiencia ordinaria y otra extraordinaria, mientras más avanzada es la edad más aprecio, satisfacción y felicidad se obtienen de las experiencias ordinarias.

Según otro estudio realizado por la profesora Laura Carstensen de la universidad de Stanford, los adultos de la tercera edad invierten su energía en lo que es más importante para ellos ya que sienten que su tiempo es limitado.
¿Conclusión” Las cosas que nos dan placer momentáneo no son las que necesariamente nos traerán felicidad a la larga. El punto es no arrancar a las personas de la tercera edad de sus rutinas o inventarles nuevas actividades porque piensas que eso es bueno para ellos. Ellos simplemente prefieren hacer las cosas que normalmente hacen con sus seres queridos a su lado.

