Hablar de infidelidad conlleva traer a cuenta muchos matices: para algunos, una infidelidad ocurre o no ocurre, o es blanco o es negro; otros piensan que existen varios “niveles” de infidelidad que pueden ir de un coqueteo, pasando por intercambio de mensajes por internet o celular, hasta llegar a un encuentro sexual. Lo que es coincidente en cualquiera de los casos es que, además de muchas otras cosas, lo que está en juego es la confianza de la pareja, un valor que es difícil recuperar y que su ausencia puede traer un desencanto y muchos problemas para la relación.
Descubrir una infidelidad es una dolorosa experiencia en la que existen sólo dos salidas: la primera, el arrepentimiento por parte del infiel, acompañado de una ardua y paulatina recuperación de la confianza; y la segunda, una separación inminente. Elegir entre una u otra es una decisión, en mayor parte, de la persona engañada, y de las circunstancias en las que se encuentre el matrimonio.
Al momento de descubrir una infidelidad, la persona engañada suele entrar en una crisis en la que, en ocasiones le hace tomar decisiones arrebatadas. Conviene en este caso alejarse temporalmente de la otra persona y esperar a que los ánimos bajen de color para tomar decisiones. Para nada es recomendable ni saludable en esos momentos tratar de conocer los detalles del cómo, cuándo y dónde ocurrió el engaño. Echarle sal a la herida no trae beneficios para ninguna persona.
Si se opta por perdonar y se decide luchar por seguir adelante, no debe significar que ésta se haya tolerado; para iniciar con la recuperación de la confianza, es importante establecer límites y acuerdos de ambos lados. Si bien, una infidelidad no se justifica, la persona que ha sido engañada deberá entrar en reflexión para tratar de entender si alguna de sus acciones u omisiones fueron parte importante para que ocurriera esa situación, y de alguna manera tratar de realizar un cambio en pro de la pareja.
Ya sea que se decida apostar por mantener la relación o por el alejamiento, una manera de hacerlo de forma saludable y hasta cierto punto más llevadero y menos doloroso es optar por acudir a una terapia de pareja. En ella, se intentarán conocer los motivos que ocasionaron que el infiel actuara de tal manera. Dentro de este apoyo terapéutico, ambos integrantes de la pareja podrán ir dirigiendo el camino de su recuperación o el de su separación.

