Pocas vivencias resultan tan dolorosas para las personas en cualquier momento de su etapa adulta que el divorcio. Pero los conflictos asociados al divorcio son diferentes de acuerdo a las circunstancias de cada pareja, en especial si es de edad avanzada. El divorcio en los adultos en plenitud es un fenómeno que ha ido aumentando en las sociedades actuales. En lo que sigue comentaremos acerca de sus causas posibles y la manera de afrontar una experiencia tan complicada para cualquier persona mayor.
A esa tendencia de las parejas de adultos en plenitud que deciden separarse se le conoce como divorcio tardío. Es un fenómeno que se presenta especialmente en las naciones occidentales, aunque con una distinta intensidad. Por ejemplo, en España, las separaciones maritales en las personas cercanas a los 60 años se han quintuplicado; en Italia, el porcentaje de parejas mayores de 55 años que se divorcia ha aumentado en los años recientes un 3 por ciento, y en los Estados Unidos el divorcio tardío ha alcanzado números nunca antes vistos.
Muchas personas consideran que medicamentos como el Viagra son culpables del incremento en los divorcios en la tercera edad, puesto que les permiten a los varones mantenerse activos sexualmente a una edad bastante avanzada. Pero en realidad las separaciones tardías están relacionadas con un fenómeno más complejo. Es una situación que suele acontecer a la vez que otras experiencias difíciles de afrontar en la madurez, como la jubilación, la llegada de la ancianidad, la partida de los hijos, etc. Todo ello motiva que los adultos mayores tengan el deseo de replantearse su vida y generalmente los matrimonios agotados por la cotidianidad no resisten este periodo de dudas e incertidumbres existenciales.
Es muy complicado abordar el problema de las rupturas maritales a edad avanzada, puesto que cada pareja es diferente, con sus particulares defectos y virtudes. No obstante, cualquier modo de evitar el divorcio tardío, parte de comprender los factores que propician este fenómeno.
En ocasiones, las parejas se concentran excesivamente en el bienestar de sus hijos o de sus familias, dejando en un segundo plano la relación de pareja. Las consecuencias de este problema se hacen patentes cuando los hijos se van del hogar y la pareja retorna a su soledad inicial, cuando solo se tenía una convivencia entre los dos esposos. En muchos casos el conyugue descubre que ha olvidado la persona con la cual contrajo matrimonio y ha convivido durante tantos años.
También hay que considerar el entorno cultural y social del mundo contemporáneo. Hace algunas décadas las personas de edad avanzada no se separaban o por lo menos lo hacían en un menor porcentaje al actual. Lo que sucede es que las circunstancias han cambiado radicalmente en lo que se refiere a las normas sociales y morales y la mayor independencia económica que tienen las mujeres de hoy. Esto se traduce en un mayor número de separaciones matrimoniales en la tercera edad.
A final de cuentas la comunicación, el amor y la sinceridad deben estar presentes en la decisión conjunta de una pareja de adultos en plenitud, para luchar por su relación de tantos años o bien para tomar caminos diferentes, pero siempre en buenos términos y con total cordialidad.

