La incontinencia urinaria es una de las enfermedades más comunes en los mayores de 65 años, es la capacidad de aguantar las ganas de orinar y no poder llegar al baño y es causada por una o más enfermedades. Afecta más que a nadie, a las mujeres pero si se trata a tiempo, el paciente puede incluso controlarla y revertirla.
Uno de las afectaciones que por desgracia traen los años, es la incontinencia urinaria, es uno de los padecimientos más comunes en personas mayores de 65 años, aunque una buena noticia es que, en la mitad de las personas que padecen incontinencia es del tipo reversible o transitoria.
Hay algunos signos de alerta que pueden estar avisando que podrías padecer de incontinencia, como el aumento en la frecuencia de orinar, debilidad del chorro urinario (aunque no se haya vaciado por completo la vejiga) o simplemente tener dificultades para orinar.
Existen cuatro tipos de incontinencia urinaria que se pueden clasificar de la siguiente manera:
Incontinencia de urgencia: es la dificultad de contener la orina para alcanzar el baño. Se da, sobre todo, en personas con diabetes, derrames cerebrales, demencia, Parkinson y esclerosis múltiple.
Incontinencia de esfuerzo: el tipo más común de esta enfermedad, se da cuando toses, estornudas, o haces un gran esfuerzo como cargar algo pesado o hacer ejercicio.
Incontinencia por rebosamiento: se da con más frecuencia en los hombres y es cuando la vejiga se llena a su límite y no puede vaciarse por algún tipo de bloqueo de las vías urinarias.
Si tienes o sospechas tener este padecimiento, es importante que visites a un médico, pues cuanto más pronto sea tratado, más rápido y mejor será el alivio. No tengas miedo ni pudor y menos des por hecho que esta es una consecuencia irremediable que viene con la edad, no seas parte de ese 60 por ciento de los pacientes con incontinencia que no por alguna razón no piden ayuda médica.
Si decides acudir con un especialista “un ginecólogo en caso de las mujeres, un urólogo en caso de los hombres” es recomendable que unos cinco días antes, lleves un diario en el que anotes cómo y con qué frecuencia has ido al baño, así como lo que has comido y bebido, esto, con la finalidad de que el diagnóstico sea más rápido y confiable.

