Divorcios, separaciones, conflictos y peleas por herencias parecen haber dejado atrás los felices días en los que la familia era importante. Atrás quedó la sana convivencia y el trabajo en equipo. Los días de gloria de vivir bajo el mismo techo con tus seres amados se han terminado.
Con un énfasis en la individualidad, se le inculca a las nuevas generaciones un egoísmo exacerbado incitándolos al ver sólo por sus intereses y ya no el de su pareja ni mucho menos su progenie. Prueba fehaciente de lo anteriormente mencionado es que el índice de natalidad ha disminuido de manera drástica. Las parejas ya no tienen hijos y ¡prefieren adoptar mascotas!
Tan grande es su miedo a asumir compromisos de largo plazo y a que éstos se conviertan en un impedimento para lograr sus metas que han optado por esta alternativa. Al parecer la humanidad está condenada a la extinción pero….¿qué podemos hacer para detener este inminente Apocalipsis”
Lo primero que tenemos que hacer es comprender que en esta época contemporánea las circunstancias han cambiado, es más difícil obtener buenas plazas laborales, las rentas son caras y la mentalidad de los jóvenes es sumamente caprichosa e inestable.
Ante estas circunstancias, es indispensable mostrar nuestra empatía y hacer uso de nuestra experiencia para guiarlos. Debemos de hacerles entender su valía y que ésta se construye a lo largo de los años adquiriendo experiencia laboral. Debemos de hacerles comprender que es preferible tener un trabajo estable y realizar actividades paralelas satisfactorias a arriesgar su capital por el emprendimiento que puede o no ser exitoso.
Debemos inculcar los antiguos valores del honor, respeto y responsabilidad que tan desesperadamente el mundo necesita. Es nuestra responsabilidad social, es nuestra labor salvar el mundo.

