El pésame es la forma de expresar el sentimiento que se tiene hacia alguien con respecto del fallecimiento de alguna persona cercana; es una breve sucesión de palabras alentadoras con el fin de demostrar apoyo y hacer sentir acompañado al doliente. Sin embargo, es cierto que ninguna frase pronunciada en un funeral o sepelio servirá para dar consuelo a alguien que se encuentra en una de las primeras etapas del duelo, por lo que en ocasiones resulta difícil escoger las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos y nos preguntamos cómo dar el pésame correctamente.
Por lo anterior, cuando se da un pésame, a lo que regularmente se recurre es a frases hechas que sintetizan la el dolor y la solidaridad que se percibe en el momento, aunque no quiere decir que en sentido estricto, estas frases sean contundentes y traigan un alivio al deudo. Lo que se suele decir con más frecuencia son oraciones como “mi más sentido pésame”, “le acompaño en el sentimiento”, “mis más sentidas condolencias” o “le acompaño en su dolor”.
Sin embargo, aunque pareciera que ya existe una fórmula para demostrar la pena que se siente al ver sufrir a la otra persona por su pérdida, las palabras que realmente son útiles e incluso podrían ser recordadas gratamente por el doliente son precisamente las que no siguen una fórmula preestablecida, sino, más bien las que se profieren con toda la sinceridad posible. Una breve reflexión, una sincera manifestación de los sentimientos propios o incluso simplemente un abrazo muy fuerte que hable más que mil palabras pueden ser más útiles.
Hay que recordar que las personas más importantes en estas situaciones son el círculo más cercano del fallecido. Así, es propicio hacer lo posible por genera un ambiente que favorezca la comodidad de ellos. Algo que los deudos agradecen, más que las palabras, es el hecho de que las personas les ayuden a sobrellevar la ceremonia. Después de otorgar el pésame, observa qué podría hacer más llevadera la estancia de los dolientes, pregúntales si ya comieron (en esas ocasiones a veces no hay tiempo para pensar en llenar el estómago), ofréceles agua, algún café o cualquier cosa que necesiten. Aunque más allá de estas atenciones que podrías proveerles, algo que quizá se valore más, incluso que las palabras, es una silenciosa presencia. Tanto en las primeras etapas del duelo, como en las subsecuentes, algo que puede resultar sumamente terapéutico es tener a un lado a alguna persona, que no se preocupe por hablar, pero sí por estar junto al doliente como un útil apoyo moral.

