El motivo de preocupación más acuciante de la mayoría de las personas y de manera particular de los adultos en plenitud, está relacionado con las complicaciones de la salud y las dificultades que tiene asociadas, como la dependencia. Alcanzar una vejez saludable está vinculado con la buena salud y precisa de algunas condiciones específicas.
Una de ellas es asumir un conjunto de saludables costumbres de vida- por ejemplo, con ejercicio, una adecuada nutrición, afecto en abundancia, divertimentos mentales y evitar el alcohol y el tabaco. También es importante respetar los controles médicos indispensables y monitorear constantemente nuestro estado físico.
Pero no solo el aspecto corporal es importante para tener una adultez en plenitud, apacible y satisfactoria. También el interior de una persona es relevante. En este sentido, un punto a considerar es el de la autoestima.
Las personas al entrar en la tercera edad van percatándose cómo sus capacidades físicas y mentales van disminuyendo. A la vez, se dan cuenta de cómo sus personas allegadas van desapareciendo, ya sea por fallecer, por no poder seguir el ritmo de vida de su juventud, o por el hecho de que sus propios familiares los van marginando.
Algunos adultos en plenitud llegan a ser considerados, casi como muebles en las casas de sus hijos y otros más son enviados a asilos, teniéndose que enfrentar a ambientes desconocidos que los atemoriza y estresa, a niveles que ponen en riesgo su salud. Numerosos ancianos en los asilos, reciben muy escasas visitas de sus familiares y seres queridos.
En este marco, no es de extrañar que la autoestima de las personas mayores se vea notablemente afectada y que muchas de ellas experimenten agudas depresiones. Para ayudar a que mejore la autoestima y la calidad de vida de los adultos mayores, conviene considerar los siguientes consejos.
Es preciso apoyar a los ancianos para que desarrollen al máximo tanto su autonomía, como sus capacidades personales. Muchas personas tratan a sus parientes de la tercera edad como si tuvieran alguna incapacidad física que los imposibilitara para ser productivos y valiosos. En tales casos, no se les permite hacer nada o bien, se les da todo hecho. Lo anterior deriva en que los ancianos no pueden ser, ni sentirse autónomos y que se acelere la degeneración natural de su capacidad física.
Es aconsejable que las personas mayores sigan teniendo ciertas responsabilidades, cosas del hogar que puedan tener bajo su cargo, en un enfoque razonable, que no los ponga en riesgo. Eso coadyuvará a que los adultos en plenitud sigan sintiéndose como personas útiles, e indispensables, lo cual beneficiara notablemente su autoestima.
También es necesario que se respete las opiniones y perspectivas de los ancianos, especialmente en tópicos que les conciernan de manera directa. Si bien se trata de personas de avanzada edad, esto no quiere decir que no puedan tomar la decisión acerca de qué hacer con su vida.
Del mismo modo, es aconsejable que les ayudemos a que se sientan activos, tanto en lo físico como en lo mental. Para los ancianos, actividades tan sencillas, como dar una caminata por el parque, sostener una charla con gente nueva o tener un pasatiempo, puede ser de gran auxilio, para evitar cualquier síntoma de degeneración.
Una recomendación final es la de fomentar al máximo sus relaciones sociales. Hay que ayudarles a que no se encierren en sí mismos. Durante el día, hay lugares donde pueden relacionarse con personas de su edad y aficiones. También se les debe integrar a la vida familiar, haciendo que intervengan en las conversaciones, o bien, atendiendo sus consejos, por lo general, sabios y oportunos. Eso hará que las personas mayores se sientan aceptadas, queridas y con una sana autoestima.

