Si tienes nietos pequeños, quizá te resulte difícil en algunas ocasiones alcanzar toda la tolerancia que te quisieras y terminas por desesperarte. Si es el caso, ten presente que, como abuelo debes tomar tu lugar y sólo te corresponde ser una guía para ellos como cualquier otro familiar cercano.
Cuando a los abuelos les toca convivir con sus nietos, muchas veces los primeros terminan por desesperarse por las actitudes de los segundos, sobre todo cuando los pequeños rondan los dos años de edad, cuando los berrinches suelen ser constantes y cada vez más intensos, una etapa que algunos conocen como los “terrible twos”
Muchas veces, podríamos decir que la mayoría del tiempo, los abuelos suelen jugar regularmente el rol de consentidores, a diferencia de los padres, y por esto resulta más fácil a los nietos simpatizar con a ellos, pues siempre ofrecen una calidez y bonachonería a la que es difícil no apegarse. Sin embargo, otras veces no es así, y los nietos no distinguen lugar ni compañía para soltar un berrinche.
Si es tu caso, debes tener en cuenta, en principio, que ellos no son tus hijos, y no es completamente tu responsabilidad educarlos y soportarlos, simplemente debes de compartirles tu experiencia y actuar como una guía importante como lo hiciera cualquier familiar cercano. Aquí algunos breves consejos de lo que puedes hacer en el caso de que convivas cotidianamente con ellos:
No tolerar sus berrinches, que aunque inconsciente, es una forma de manipulación. Si cedes ante ellos, tus nietos quizá crezcan con la idea de que esa es la mejor forma de conseguir las cosas.
Establece límites, pues a pesar de que son casi como tus hijos, no se deberá sobrepasar la línea del respeto mutuo.
Sé un ejemplo para ellos, se coherente en lo que les dices que está bien y mal y cómo actúas tú. Recuerda que ellos son una esponja y aprenden siempre de sus mayores.
No les des todo fácil y sin esfuerzo, que aunque pareciera que es el rol de los abuelos, los niños deben conocer y experimentar los conceptos de esfuerzo y recompensa.
Entiende que son niños y no piensan como tú ni tienen desarrollados aún muchos sentidos, por lo que no puedes exigirles que se comporten justo como tú quisieras. Recuerda también que al llegar a la tercera edad, los adultos solemos perder otros sentidos y llegamos a asemejarnos a los niños, por lo que entendiendo estas dos partes, podrías entender la mejor manera de relacionarte con ellos.

