Una de las realidades que enfrentamos al alcanzar la tercera edad es la de ser más propensos a quedar solos, en ocasiones debemos de sufrir la ausencia de nuestra pareja sentimental y los hijos ya han dado paso a llevar a cabo su plan de vida, por lo que es común tener que aprender a vivir con la soledad. Aunque este cambio paulatino pero existente puede resultar difícil para más de uno, es importante tomar las cosas de manera inteligente y hacerles frente para no caer en el aislamiento.
Si bien, cuando uno llega a la vejez, es más fácil optar por no salir de casa ni enterarnos de lo que ocurre en el mundo, pues nuestras capacidades motrices e intelectuales no son las mismas de cuando éramos jóvenes y eso puede ser impedimento. Por esto, es frecuente que las personas mayores que se deciden por una vida sedentaria y con escaso contacto social, caigan en depresiones, lo que trae como consecuencia también un círculo vicioso: no salgo a la calle ni socializo porque estoy deprimido, y estoy deprimido porque no salgo ni hablo con nadie.
Para evitar esta situación, lo recomendable, en principio, es adoptar una actitud positiva, tener en cuenta y pensar que la tercera edad no es más que la mejor edad y nuestra oportunidad de vivir placenteramente. Si pensamos permanentemente en que estamos solos y añoramos los años en que la familia y la pareja vivían en casa, no pasaremos de quedarnos en esos recuerdos; agradezcamos mejor al pasado y pensemos que sin él y todas sus maravillas estamos bien y con vida en el presente. Adaptémonos a nuestra realidad y tratemos de sobrellevarla y disfrutarla con dignidad.
Aunque para algunos abandonar su casa para ir a vivir a un asilo puede representar una situación de retroceso y desánimo, por el contrario, las casas de retiro son una excelente opción para mantenernos física y anímicamente saludables. En los asilos nunca faltará la compañía y las actividades de todo tipo que nos ayudan a disfrutar más esta etapa de nuestras vidas.
Si de pronto te das cuenta de que ya no te gusta salir de casa y divertirte como antes, haz todo lo que esté en tus manos para revertir esta situación. Nunca es tarde para salir con ánimos al mundo, descubrir cosas que no conocías en tu juventud, conocer gente, reunirte con viejos amigos, encontrar gratas compañías, hacer todo lo que no pudiste hacer por falta de tiempo. Nada será comparable a voltear a ver el camino recorrido y contemplar con satisfacción las experiencias vividas y felicitarte a ti mismo por tener la fortaleza de no dejar que la edad fuera impedimento para hacer todo lo que quisiste.

