Un valor importante con el que cuentan las personas que disfrutan de una vida plena es la independencia en la tercera edad. Si bien las capacidades físicas y cognitivas suelen disminuir cuando se rebasan los 50 o 60 años, ningún pretexto es cabe para hacer todo lo posible por valernos por nosotros mismos y entender que la dependencia no debe ser una característica estricta de la vejez.
Desde siempre ha existido la idea de que, cuando alguien llega a la tercera edad, tarde o temprano deberá depender de alguien más para llevar su vida de manera digna, sin embargo, es falso que esto sea una ley de vida. A pesar de que las funciones y capacidades del cuerpo no son las mismas que en la juventud, está comprobado que se puede lograr una satisfactoria autosuficiencia a pesar de poseer una edad avanzada, si se tiene el apetito y la actitud para ello.
Existen varias razones importantes que orillan a los adultos mayores a no gozar de completa independencia en sus vidas, las cuáles pueden resolverse con el esfuerzo necesario:
Razones económicas: es sabido por todos que las oportunidades de trabajo comienzan a escasear después de la quinta década de vida y puede resultar difícil generar ingresos propios, situación que orilla a más de uno a depender económicamente de alguien más y que puede repercutir en su autoestima y generar roces entre los familiares que aportan para su manutención. Por esto, la prevención y el ahorro deben ser las dos herramientas que no se deben olvidar durante la vida adulta así como una actitud de emprendimiento y valor para llevar a cabo las ideas que ayudarán a salir adelante económicamente, aun cuando ya no se es joven. Recuerda que la falta de trabajo no es un problema, la falta de ideas sí.
Razones cognitivas: ya que algunos problemas de deterioro mental son frecuentes en la tercera edad, es importante tener un periódico diagnóstico de nuestra salud mental. Trastornos como el alzheimer y la depresión pueden ser factores que limiten la autosuficiencia y fomenten la dependencia y el aislamiento; por ello, es primordial que, al igual que los chequeos de rutina por parte de un médico geriatra son obligatorios, no se debe omitir un monitoreo por parte de un terapeuta o psicólogo.
Razones físicas: vivimos en un mundo que se ha adaptado a las necesidades de las personas de la tercera edad; escaleras mecánicas, sillas de ruedas eléctricas en los supermercados, elevadores, andaderas, bastones etc. Sin embargo, todas estas facilidades, muchas veces en lugar de ayudar al sector de adultos mayores, lo perjudican. Y es que esta situación se vuelve un círculo vicioso, pues las personas, al asumirse como gente mayor, comienza a acostumbrarse a todas estas comodidades que fomentan el sedentarismo y la posterior falta de autosufciencia; situación que se convierte en un círculo vicioso.
Está comprobado que muchos problemas de movilidad que aparecen en la tercera edad no son en sí por el número de años de la persona, sino por la vida sedentaria que se adopta al llegar a la edad de oro. Así es frecuente ver a personas de unos 80 años que ya dependen de un bastón o de una silla de ruedas y por supuesto de algún familiar que los cuide; y otras de la misma edad que no tienen problema alguno en subir escaleras, caminar naturalmente y realizar sus actividades cotidianas de manera independiente. Mantener una vida activa puede ser un paso importante para obtener tu independencia.

