Así como en todas las etapas de la vida en las que experimentamos cambios, al llegar a la tercera edad comenzamos a hacernos preguntas acerca de nuestra existencia, preguntas que quizás nunca tendrán respuesta, pero que, por nuestra naturaleza nunca dejaremos de plantearnos.
Llegar a la edad dorada es una enorme dicha, pues cuando vamos dejando atrás la juventud nos llenamos de razones para darnos cuenta de cuán frágil es la vida, la valoramos con más intensidad y aprendemos a agradecer por tener el privilegio de vivir tantos años.
Lo mismo ocurre cuando nuestra descendencia comienza, a su vez, a tener descendencia, llegan a nuestra cabeza reflexiones que tienen que ver con nuestra propia existencia. Nos preguntamos hacia dónde vamos, cuál es el sentido de la vida, qué será de nosotros cuando dejemos de existir, sobre todo en el momento que vemos a una personita que va comenzando su vida y cuando nosotros la hemos recorrido casi toda.
Es en los momentos de meditación cuando comenzamos a valorar más las cosas que nos da la vida y sus pequeños detalles. Quizá hemos aprendido a hacer a un lado las cosas intrascendentes para disfrutar los momentos que realmente valen la pena, pues una de las virtudes de tener muchos años es la de haber aprendido a valorar el tiempo, aprovecharlo al máximo y dejar de despilfarrarlo como en la juventud hacíamos.
Y es que muchos coinciden en que la tercera edad es la mejor etapa; si bien es cierto que no contamos con las mismas capacidades físicas que antes, sí tenemos todos los recursos para vivir una vida llena de comodidades. También, contamos con algo que es invaluable y que si sabemos aprovecharlo, nos servirá para seguir viviendo la vida con intensidad: el tiempo libre, esa dicha que tanto anhelábamos en la juventud y que ahora se nos presenta a manos llenas.
Cuando esos momentos de introversión nos invaden y las respuestas salen sobrando, no queda más que voltear la mirada hacia atrás y ver qué hemos hecho bien y mal, disfrutar al máximo el tiempo y agradecer que al menos por hoy seguimos vivos.
¿Qué es lo que te preguntas en tus momentos de reflexión”

