Una de las condiciones más lamentables para millones de ancianos en el mundo, es ver afectada su capacidad mental, en especial en lo que se refiere a la retentiva de información y la memoria. Por lo consiguiente, la actividad mental es algo básico para conservar en buenas condiciones las funciones intelectivas durante la adultez en plenitud. Todo ello es claro, pero lo que resulta más complicado de resolver es cómo evitar ese problema en la condición mental de los adultos mayores. Pues bien, en ese marco es cuando resalta la importancia de la lectura para los adultos en plenitud.
Investigaciones relacionadas con la disminución de la memoria y la capacidad y el rendimiento mental en las personas de edad avanzada, revelaron que leer es una eficiente medida preventiva en contra de estos problemas, ya que además de mantener el cerebro activo, reduce los niveles de estrés y combate sensaciones negativas como el nerviosismo, la soledad, la ansiedad y la angustia.
Pero además, ser lectores frecuentes también ayuda a evitar la disminución cognitiva, al ejercitar distintas áreas del cerebro. Tareas como la comprensión de ideas, la actividad de la memoria, la conversión de elementos lingüísticos en información y las asociaciones mentales, son dinámicas cerebrales que se activan con la lectura, lo cual es especialmente valioso para las personas de edad avanzada.
Así también la lectura constante es un hábito que proporciona flexibilidad en el entendimiento, enriquece la capacidad empática y fomenta la tolerancia. La lectura abre un mundo de novedosos estímulos para las personas mayores, en una etapa de la vida proclive al ensimismamiento y el aislamiento social. Los adultos en plenitud que acostumbran leer mucho, conocen situaciones nuevas y se ven inmersos en escenarios mentales que estimulan su imaginación y su razonamiento.
Y es que a diferencia de la televisión, medio en el que los contenidos se difunden ya procesados, la lectura implica un trabajo mental que implica esfuerzo mental, creatividad y concentración. Las palabras incluidas en un texto hacen referencia a imágenes que pueden ser distintas para cada lector. Si existe un tema de interés preciso para el adulto mayor, los expertos aconsejan iniciar la lectura por alguna historia sencilla, que incluya básicamente emociones nobles y positivos ejemplos de vida.
Por lo que se refiere al mejor periodo del día para leer, es aconsejable desarrollar esta práctica por las mañanas, por la mayor luminosidad que se presenta en el ambiente, para que así las personas mayores no fuercen tanto su vista. También es importante hallar momentos de tranquilidad, puesto que de inicio concentrarse no es sencillo. Los textos de los libros deben ser con letras de gran tamaño y de preferencia no tener muchas páginas.
El ritmo de lectura debe ser acorde a la capacidad de cada persona. Cuando se presente fatiga, hay que dejar la lectura por un tiempo y descansar. Lo más aconsejable es leer algunas páginas diariamente, más que terminar capítulos enteros de golpe y luego dejar el libro durante varios días sin retomarlo. La constancia favorece que la lectura se vuelva un hábito y nos garantice sus muchos beneficios para el intelecto y la preservación de la memoria.

