La esperanza de vida depende de nuestra herencia, de nuestros hábitos personales, de que visitemos al médico con regularidad y también del lugar del mundo en que nos toque nacer. De dos bebés que nazcan hoy, al que le toque nacer en el lugar con la mayor esperanza de vida, las posibilidades son que podrá apagar las velas de su pastel de cumpleaños hasta los 84 años y al que le toque nacer en el lugar con la menor esperanza de vida, las posibilidades son que solo podrá festejar hasta los 48 años.
De acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas, la esperanza de vida en México es de 77.3 años, si por azares del destino nos hubiera tocado nacer en Suazilandia, un pequeño país en el extremo sur de África, difícilmente hubiéramos pasado de los 50 años. En Suazilandia la esperanza de vida es de 48.8 años, la más baja del mundo, 28.5 años más baja que la esperanza de vida en México.
También podría ser que nos hubiera tocado nacer en Hong Kong, que tiene la esperanza de vida más alta del mundo y según las probabilidades podríamos vivir hasta los 84.4 años, 7 años más que en México.
Si queremos ver cómo estamos con nuestros vecinos de esta parte del mundo, si nos hubiera tocado nacer en Haití, el país con la menor esperanza de vida en América, las probabilidades dicen que llegaríamos a los 63.7 años, 13.6 años menos que en México. Si nos hubiera tocado nacer en Canadá o Chile las dos naciones con la mayor esperanza de vida en nuestro continente, según las probabilidades llegaríamos a los 82.5 años, lo que significa vivir 5.2 años más que en México. Si nos hubiera tocado nacer en Estados Unidos en dónde la esperanza de vida es 79.5 años, de acuerdo con las probabilidades, viviríamos 2.2 años más que en México.
Aunque nos tocó vivir en México todavía podemos aumentar nuestra esperanza de vida como hacen los habitantes de Loma Linda, California, una población en las goteras de Los Angeles, en dónde los habitantes tienen una esperanza de vida 10 años mayor que la del resto de los norteamericanos. En Loma Linda la mayoría de los habitantes pertenecen a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y tienen una dieta mayormente vegetariana baja en grasas, hacen ejercicio, no fuman, no consumen bebidas alcohólicas y no comen carne de cerdo, ni mariscos.

Por Antonio Diego-Fernández S.

